21 may 2009
Crece cada día el número de refugiados que huye de los bombardeos del ejército al noroeste de Pakistán. Entre dos fuegos se encuentra la indefensa población civil: los hombres que intentan proteger a sus familias, las mujeres que lloran a sus hijos y los niños, esos ángeles inocentes que sufren la barbarie militar por una parte y talibán por la otra.
No me interesan ya las causas de los conflictos, no hago caso a los bandos contendientes y su "lucha justa o no". Sólo me fijo en las imágenes de los niños descalzos y polvorientos atentos al despegue de un helicóptero o a los heridos de un desvencijado e inútil hospital... me fijo en las madres que buscan desesperadamente agua o alimentos y los hombre que mueren intentando llegar a un lugar más o menos seguro que llaman campo de refugiados.
Un comerciante de Mingora, Fazal Muhammmad, instalado en el campo de Sheik Yaseen dice:
"Llevo tres días aquí sin poder asearme, durmiendo sobre el piso de tierra y la única comida que nos dan es arroz y té. Hui de Mingora porque íbamos a morir en los bombardeos. Ahora vivimos en este infierno. El gobierno es responsable. No han hecho la menor planificación. La gente está furiosa, frustrada. Puede explotar en cualquier momento".

No me interesan ya las causas de los conflictos, no hago caso a los bandos contendientes y su "lucha justa o no". Sólo me fijo en las imágenes de los niños descalzos y polvorientos atentos al despegue de un helicóptero o a los heridos de un desvencijado e inútil hospital... me fijo en las madres que buscan desesperadamente agua o alimentos y los hombre que mueren intentando llegar a un lugar más o menos seguro que llaman campo de refugiados.
Un comerciante de Mingora, Fazal Muhammmad, instalado en el campo de Sheik Yaseen dice:
"Llevo tres días aquí sin poder asearme, durmiendo sobre el piso de tierra y la única comida que nos dan es arroz y té. Hui de Mingora porque íbamos a morir en los bombardeos. Ahora vivimos en este infierno. El gobierno es responsable. No han hecho la menor planificación. La gente está furiosa, frustrada. Puede explotar en cualquier momento".

La ayuda internacional tarda en llegar y ,mientras tanto, la población civil soporta hambre, sed, muertes por desihadratación (pués en algunos campos no hay ni barracones para refugiarse de los 42º de temperatura), escasea la comida y, por supuesto, las medicinas. La higiene es pésima y todo apunta a que las enfermedades infecciosas se extenderán sin remedio.
El ejército bombardea indiscriminadamente para eliminar la resistencia talibán, sin importarle en absoluto la vida de sus ciudadanos, bueno, excepto la vida de la élite residente en Islamabad, la capital del país. Para proteger a "los ciudadanos de primera" no importa sacrificar a los de "segunda o tercera ", que son los que están en los campos sobreviendo al infierno de las bombas y sufriendo todo tipo de calamidades hasta que , en el peor de los casos, les llegue la muerte.
Ginebra
El ejército bombardea indiscriminadamente para eliminar la resistencia talibán, sin importarle en absoluto la vida de sus ciudadanos, bueno, excepto la vida de la élite residente en Islamabad, la capital del país. Para proteger a "los ciudadanos de primera" no importa sacrificar a los de "segunda o tercera ", que son los que están en los campos sobreviendo al infierno de las bombas y sufriendo todo tipo de calamidades hasta que , en el peor de los casos, les llegue la muerte.
Ginebra
