16 jun 2009
¿Qué hacía un millón de iraníes en las calles de Teherán?
Si lo pensamos en cifras demográficas quizá no es tan impresionante: La capital iraní tiene algo menos de ocho millones de habitantes y el país anda por los setenta y un millones; pero si lo meditamos en términos políticos, absolutamente a nadie le gustaría tener esa cantidad de personas protestando. No hay régimen que se pueda ver bien con una multitud de ese tamaño preguntando dónde está su voto.
Según las cifras oficiales de las elecciones, en donde no hubieron observadores internacionales, Mahmud Ahmadinejad, el actual presidente, obtuvo 66% contra 33% de Mirhosein Musavi, el candidato de corte reformista. Mi opinión es que, aunque las cifras puedan estar maquilladas y exageradas, efectivamente Ahmadinejad ganó. Esto no es novedad, desde muy temprano comprendí en la ciudad de México una sentencia que la izquierda debe recordar: "los mítines y las plazas llenas no son las que ganan las elecciones". Mi profesor de Revoluciones en el siglo XX solía poner el ejemplo de Trostky y Stalin. El primero tenía personalidad, llenaba mítines, hablaba y escribía bien, el otro se hizo del poder.
Pero no nos engañemos: algo efectivemente está sucediendo en la patria de Omar Jayyam. No es que Musavi sea el gran reformador, pues es simplemente un miembro de las cúpulas del poder, que antes decía ser más conservador y clausuraba universidades en nombre de la Revolución Islámica, y ahora -después del realmente brillante Mohamed Khatami- se proclama como refomista por estrategia política. No. No es por él que ese millón de persas estaban en las calles de Teherán. Es simplemente porque un pueblo con esa historia y herencia cultural no puede continuar indefinidamente en un régimen fanático, autoritario e idiotizante como al actual. Es simplemente porque ningún pueblo puede continuar indefinidamente bajo una dictadura ideológica-confesional.
El régimen iraní es una quimera cruza entre dictadura teocrática islámica chiita y una república autoritaria. La diferencia entre candidatos a la presidencia suele ser entre los ultra conservadores y los conservadores y al final quienes tienen realmente el poder son los líderes religiosos.
Después de la caída del bloque soviético, entre otros experimentos, los Estados Unidos probaron con buenos resultados las llamadas revoluciones pacíficas para derrocar regímenes autoritarios debilitados que se encontraban bajo la influencia rusa, cada una con algún color distintivo, como en Georgia y Ucrania. No sé si éste sea el caso, probablemente hay un poco de todo en el asunto, lo importante es que esto sea al inicio de cambios positivos en Irán y en el resto del mundo islámico. En una carta de Musavi a sus seguidores anuncia que ha pedido la anulación de las elecciones y llama, con evidente temor a una desgracia, a la policía a no actuar violentamente contra los manifestantes. Sus temores son justificados, pues grupos leales al gobierno ya asesinaron estudiantes en las universidades.
Yo siempre dije que tipos como Ahmadinejad necesitan de otros igualmente detestables como Bush para justificarse, y ahora que el segundo ya no está, espero que el primero ya no tenga motivo de ser, aunque insisto, no nos engañemos, seguramente él ganó las elecciones en especial con el apoyo de la población rural, en su mayoría analfabeta y entre la cual goza de popularidad. (Bush también ganó su reelección ¿no?)
Nunca he visto un millón de personas en un mismo lugar. Lo más cerca que he estado de ello es viendo a través de la televisión local un mítin de esas características en la plaza de los mártires en Beirut. Unos meses después los ocupantes sirios tuvieron que retirarse del territorio libanés, aunque todos sabemos que siguen manejando muchas cosas ahí dentro, compartiendo el pastel precisamente con el régimen iraní.
Nunca he visto un millón de personas en el mismo lugar, pero si me preguntan qué estaban haciendo el lunes en Teherán, me gustaría responder que estaban haciendo historia.
Ver también: Artículo de Robert Fisk en The Independent al respecto, traducido al castellano para La Jornada, México.